En las rectas calles de Salamina, donde el aroma a café se mezcla con el eco de siglos, camina un hombre cuyo nombre es sinónimo de memoria y futuro: Jorge Hernán Orozco Echeverri. Nacido en 1962 en este pueblo caldense, declarado Patrimonio Nacional, ha convertido su vida en un puente entre las raíces coloniales y las aspiraciones de un turismo que honra la esencia de la tierra niguatera. Su historia no es solo la de un hombre, sino la de un territorio que late a través de sus acciones.
Jorge Hernán creció entre balcones florecidos y casonas de bahareque, donde las historias de la colonización antioqueña aún respiran en las paredes. Su formación académica en el Instituto Nacional de Salamina (1979) no solo le dio herramientas intelectuales, sino que sembró en él una pregunta: ¿cómo preservar la identidad de un pueblo que el mundo moderno amenaza con diluir? Esa inquietud lo llevó, décadas después, a formarse como Guía Profesional en Guianza Turística en el SENA (2022), y a graduarse de la Escuela Taller de Caldas en Turismo Cultural y Patrimonio, donde afianzó su convicción: el turismo no debe ser un espectáculo, sino un diálogo con la historia.
En 2011, junto a otros visionarios, fundó Niguatour, una oficina de representación turística que transformó la manera de ver Salamina. No se trataba solo de ofrecer paquetes turísticos o paseos: era una misión. Bajo su liderazgo, Niguatour se convirtió en un vehículo para mostrar a locales y visitantes la grandeza de un pueblo que fue epicentro de la colonización cafetera. Con guianzas especializadas en turismo patrimonial, cultural y religioso, Jorge ha llevado a peregrinos y curiosos por iglesias, museos y paisajes, narrando cada piedra como si fuera un verso de un poema olvidado.
Su labor no se limita a los recorridos. En 2019, representó a Salamina en la Feria Internacional de Turismo ANATO, donde no solo promocionó su municipio, sino que defendió el turismo comunitario como herramienta de conservación. Además, en agosto de 2023, junto a un grupo de entusiastas, viajó a Villa de Leyva para promocionar el Bicentenario de Salamina, un proyecto respaldado por Fontur y la administración municipal. Para él, cada evento es una oportunidad para decir: «Aquí estamos, con nuestra historia viva».
Jorge Hernán entendió temprano que las redes sociales y los medios locales son aliados para tejer conciencia. Desde hace cinco años, produce programas como Cambalache y Cosas de mi Pueblo, grabados en establecimientos comerciales de Salamina. Sin cobrar un peso, promociona negocios locales, desde panaderías hasta artesanos, mientras relata anécdotas que convierten lo cotidiano en extraordinario. «No se trata de vender, sino de enamorar», repite.
En ASAPALAC, la parabólica municipal, sus programas han llevado a los salamineños a redescubrir su tierra. Episodios dedicados a la importancia histórica de la región niguatera —desde su papel en la economía cafetera hasta las leyendas que habitan sus montañas— son un tesoro audiovisual. Su propuesta de incluir la Cátedra Salamina en las escuelas, aunque aún sin respuesta de las administraciones, refleja su sueño de que las nuevas generaciones no olviden de dónde vienen.
Más allá del turismo, Jorge ha extendido su compromiso a espacios cívicos. Como veedor en salud del municipio y representante ante VEESCAL (Veeduría en Salud de Caldas), vigila que las políticas públicas cumplan su promesa de dignidad. En 2023, dio un paso audaz: se postuló como candidato al Concejo de Salamina para el periodo 2024-2027. Su campaña no fue una lista de promesas, sino un llamado a proteger el patrimonio y fortalecer la participación ciudadana. Aunque no resultó electo, su incursión en la política dejó claro que su lucha trasciende fronteras partidistas.
Hoy, a sus 62 años, Jorge Hernán Orozco no piensa en retirarse. Sigue guiando turistas por la Basílica Menor de la Inmaculada Concepción, explicando cómo sus columnas de mármol llegaron desde Italia en lomo de mula. Organiza «pasa días» que incluyen desde caminatas ecológicas hasta tertulias con ancianos que guardan relatos del siglo XIX. Y en las noches, mientras Salamina duerme, planea nuevos proyectos: quizá un libro de crónicas locales, o una alianza con universidades para investigar archivos coloniales.
Su mayor orgullo no son los reconocimientos, sino los mensajes de jóvenes que, tras un recorrido con él, le escriben: «Nunca supe que mi pueblo era tan grande». Para Jorge, ese es el triunfo: haber sembrado en otros el asombro por lo propio.
El Guardián de las Esquinas
Salamina, con sus calles que suben y bajan como versos sueltos, sabe que en Jorge Hernán Orozco Echeverri tiene a un custodio. Un hombre que, entre guianzas turísticas y programas de de tv, ha convertido su vida en un acto de amor por la memoria. Su historia —como la tierra niguatera— sigue escribiéndose, viento a viento, paso a paso, bajo el cielo azul de Caldas.
4 respuestas
Que bien Jorge,Felicitaciones
Que bien Jorge….Salamina necesita esos hombres constantes en reconocer y conservar la historia de la cuna en que hemos nacido muchos y que aún, por una u otra circunstancia hemos descuidado tan hermosa labor..vale la pena como mínimo acompañarlo.
Excelente labor que resalta la cultura de nuestro bello pueblo patrimonio nacional que Dios continúe dando sabiduría para que tanta belleza sea conocida a nivel mundial.
Gracias Luz Estella por tu comentario, con ese comentario nos sentos justificados por nuestra labor