La Diversificación Agrícola que Impulsa el Desarrollo de Salamina
Café, aguacate y caña, motores del campo salamineño
La agricultura sigue siendo la columna vertebral de la economía salamineña, y lo es precisamente por su diversidad. En un territorio donde el clima cambia con la altitud —de las laderas cafeteras a las tierras frías de San Félix—, los campesinos han aprendido a sacarle a cada piso térmico lo que mejor da: café en las montañas, caña panelera y plátano en los climas más cálidos, y papa donde el frío la exige. Esa capacidad de adaptación, más que cualquier otro factor, explica por qué el campo salamineño sigue produciendo pese a los vaivenes del mercado.
El café continúa siendo el cultivo insignia, el que le da nombre y paisaje al municipio dentro del Paisaje Cultural Cafetero declarado por la UNESCO. Pero junto a él, la caña panelera mantiene viva una tradición que atraviesa generaciones enteras de familias trapicheras, y que sigue siendo fuente de ingreso constante para buena parte de las veredas. Café y caña, entonces, no compiten: se complementan, sostenidos ambos por el mismo suelo y la misma gente que aprendió a trabajarlos desde niña.
A ese binomio se ha sumado, en los últimos años, un tercer motor que llegó con fuerza: el aguacate Hass. Empresas especializadas han encontrado en Salamina condiciones ideales para su cultivo, y esa llegada no solo generó empleo nuevo, sino que trajo consigo transferencia de tecnología y prácticas agrícolas que antes no eran comunes en la región. El aguacate salamineño hoy llega a mercados internacionales, y con él llega también una manera distinta de entender el campo: más técnica, más exportadora, pero sin desplazar los cultivos tradicionales.
En el corregimiento de San Félix, a 27 kilómetros de la cabecera municipal, la papa encuentra su territorio natural gracias al clima frío que domina esa zona. Ahí, además, la ganadería ha alcanzado un desarrollo notable que convierte a Salamina en el cuarto productor de leche de Caldas, una actividad que complementa el trabajo agrícola y que le da a San Félix un peso propio dentro de la economía del municipio.
Café, aguacate, caña y papa —cada uno con su clima, su historia y su gente— configuran hoy un campo salamineño diverso y resiliente, capaz de sostener a la vez la tradición y la innovación. Esa combinación, sumada al creciente turismo que atrae el reconocimiento de la UNESCO, le abre a Salamina un camino de desarrollo que sigue teniendo, como siempre, la tierra como punto de partida.
La Ganadería en Salamina
Salamina, municipio ubicado en las montañas de Caldas, ha basado históricamente su economía en la ganadería, con el corregimiento de San Félix como su epicentro indiscutido. Hacia el año 2000, el territorio registraba unas 35.000 cabezas de ganado, entre razas cuidadosamente adaptadas a su geografía y su clima: el Criollo Colombiano, resistente en las zonas altas; el Normando, valorado por su doble propósito de leche y carne; y la Holstein, líder indiscutible en producción lechera. Esta última terminó consolidando a San Félix como un referente láctero dentro del Eje Cafetero.
San Félix es, en ese sentido, el corazón ganadero de Salamina, y conserva una tradición pecuaria que se cuenta en décadas. Sus pastos verdes y su clima frío, que oscila entre los 12°C y los 18°C, favorecen la cría de vacas lecheras como en pocos lugares de la región. Hoy el corregimiento ya no abastece solamente el consumo local: suministra leche y derivados a Manizales, Pereira y Medellín, gracias a alianzas con transportadores especializados en cadena de frío. Ahí operan dos empresas que se han vuelto referentes propios, Multilácteos San Félix, enfocada en quesos madurados con denominación de origen, y Lácteos San Lac, conocida por sus yogures artesanales y su mantequilla sin conservantes. Ambos productos, certificados por su calidad y libres de aditivos, han logrado conquistar mercados nacionales.
La porcicultura, en cambio, sigue siendo una actividad incipiente, con apenas quince granjas tecnificadas en todo el municipio, resultado de la marcada preferencia histórica por la ganadería bovina y de la falta de inversión necesaria para controlar enfermedades propias de alturas superiores a los 2.000 metros sobre el nivel del mar. La avicultura, en contraste, sí ha encontrado terreno fértil en zonas templadas como La Marina y El Cedral, donde las granjas de gallinas ponedoras y pollos de engorde producen, según cifras de la Secretaría de Agricultura, unos 120.000 huevos mensuales y 8.000 pollos cada trimestre, destinados a mercados locales y a supermercados de todo Caldas.
Pese a desafíos como la competencia nacional y los efectos cada vez más visibles del cambio climático, los ganaderos salamineños vienen apostando por la sostenibilidad, incorporando biodigestores y sistemas silvopastoriles a sus fincas. Con ese esfuerzo, el municipio no solo preserva un legado agropecuario que lo define desde hace generaciones, sino que se perfila como un modelo de ganadería responsable dentro de la región andina.
La Piscicultura y la Minería en Salamina
La piscicultura se ha convertido en una actividad en franco crecimiento dentro del municipio, con más de sesenta estanques ya dedicados a la cría de peces. El punto de referencia de ese desarrollo es la estación experimental piscícola de San Félix, con capacidad para albergar hasta 30.000 alevinos, un espacio que no se limita a la producción sino que también investiga el desarrollo de las especies acuáticas y funciona, además, como centro de distribución para apoyar a otros productores de la región. Los resultados obtenidos hasta ahora han sido altamente satisfactorios, lo que ha permitido consolidar esta actividad como una alternativa productiva sostenible para Salamina.
Gracias a las condiciones ambientales favorables, a la disponibilidad de recursos hídricos y a la experiencia que los piscicultores han ido acumulando con los años, se vislumbra hoy un potencial truchícola significativo. Ese potencial podría, con el tiempo, convertir al municipio en un referente regional en la producción de trucha, sumando así un nuevo renglón productivo a una economía campesina que ya combina café, ganadería y agroindustria.
En materia de minería, el municipio cuenta con diversas manifestaciones minerales, entre las que se destacan la presencia de cuarzo, sílice y manganeso. En el pasado se adelantó una explotación en la parte media de la cuenca del río Pocito, específicamente en la vereda del mismo nombre, con el propósito de encontrar esmeraldas. Los resultados, sin embargo, no fueron los esperados, lo que llevó a la suspensión de esa actividad.
Distinta ha sido la historia en el río Chamberí, donde se realiza extracción de materiales para la industria de la construcción, como grava, gravilla, arena y piedra. Esa explotación se lleva a cabo de manera manual y controlada, con los permisos correspondientes otorgados por Corpocaldas, y se extiende a lo largo de una sección importante del río. La extracción sostenible de estos materiales permite abastecer la demanda local, generar empleo y aportar, de esa manera, al desarrollo económico del municipio.
Piscicultura y minería representan así dos actividades de escala más modesta frente al peso del café o la ganadería, pero no por eso menos importantes: son ejemplos de cómo Salamina ha ido diversificando sus fuentes de ingreso, aprovechando con cuidado los recursos naturales que le ofrece su territorio, sin perder de vista la sostenibilidad que hoy define buena parte de su vocación productiva.
Turísmo - Comercio - Hotelería
El comercio, el turismo y la hotelería en Salamina se han convertido, con el tiempo, en tres renglones que se explican mutuamente, tan enlazados que resulta difícil hablar de uno sin mencionar a los otros dos. El corazón comercial del municipio late en el sector comprendido entre las galerías y el Parque de Bolívar, abarcando desde la calle 4 hasta la calle 10 y las carreras 6 y 7. Ahí se comercializa la mayor parte de la producción salamineña, desde productos agrícolas hasta artesanías y bienes de consumo, y un pequeño excedente de esa producción llega también a los mercados regionales más importantes, como Manizales, Pereira y Medellín, fortaleciendo la economía local y dándole salida a lo que la tierra y las manos del municipio producen.
Esa vocación comercial no se limita al intercambio de lo propio: el municipio cuenta con una oferta amplia de establecimientos donde se consigue de todo, ropa, calzado, electrodomésticos, insumos agrícolas y productos de primera necesidad, y esa diversidad, sumada a la calidez propia de sus comerciantes, ha convertido a Salamina en un punto estratégico de abastecimiento no solo para su propia población, sino también para los habitantes de municipios vecinos que encuentran ahí lo que buscan. Ese comercio cotidiano, aunque parezca ajeno al turismo, termina siendo parte del mismo engranaje: es también lo que un visitante encuentra al caminar por el centro, lo que le da vida a las calles y lo que completa la experiencia de conocer un pueblo que no se piensa solamente para quien llega de afuera, sino primero para quien vive en él.
El turismo, por su parte, ha comenzado a fortalecerse en los últimos años, impulsado en buena medida por el reconocimiento del municipio dentro del Paisaje Cultural Cafetero, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Esa distinción ha abierto una puerta que Salamina apenas empieza a cruzar del todo: la de posicionarse como cuna de ese paisaje y como destino de valor histórico y cultural, capaz de mostrar sus calles empedradas, sus balcones tallados y su arquitectura tradicional a un público cada vez más amplio.
El flujo de turistas, tanto nacionales como internacionales, sigue siendo moderado, pero los avances ya son notorios, y se vienen desarrollando estrategias orientadas a fortalecer un turismo sostenible que resalte la riqueza arquitectónica, cultural y natural de la región. Ese crecimiento, aunque gradual, es constante, y encuentra en el comercio local un aliado natural: cada visitante que llega termina también consumiendo, comprando, sosteniendo con su paso los mismos negocios que abastecen a diario a los salamineños.
Sostener ese turismo, sin embargo, exige infraestructura, y ahí es donde entra la hotelería. Salamina dispone de una oferta variada y de buena calidad, pensada justamente para atender a quienes llegan atraídos por su patrimonio. Establecimientos como La Casa de Lola García, Hospedaje Casa Real y Hotel Colonial ofrecen una experiencia acogedora en entornos tradicionales, mientras que el Hotel Sanguitama y otros alojamientos de menor tamaño completan la oferta con opciones cómodas y accesibles. Esa hospitalidad, sumada al encanto propio de cada hospedaje, permite que los visitantes disfruten de una estancia placentera y tengan, además, el tiempo necesario para explorar con calma la riqueza cultural y natural que Salamina tiene para ofrecer, cerrando así un ciclo donde comercio, turismo y hotelería terminan sosteniéndose los unos a los otros.
eo.